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Responsabilidad afectiva: qué es y cómo utilizarla

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El equilibrio entre las necesidades y deseos de uno mismo y del que tenemos en frente. Lo que es justo para ambos, el respeto mutuo, etc. Todo lo anterior es responsabilidad afectiva.

¿Qué es la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva es una forma de comportamiento que consiste en encontrar el punto medio entre nosotros y los demás a la hora de hablar o actuar.

Esto es, por un lado, ser conscientes de que todo acto tiene una consecuencia. Por lo tanto, la responsabilidad afectiva implica asumir el impacto que puede tener en los demás lo que hacemos o decimos.

Y, por otro lado, expresar, pedir, aceptar o negar, entre otras, cualquier sentimiento, emoción o conducta.

Podríamos decir que se trata de encontrar la consonancia entre el respeto a uno mismo y el respeto a los demás.

¿Qué NO es la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva no es hacerse cargo de los sentimientos o emociones de los demás. Tampoco es ser responsable de que tu alrededor se encuentre bien. Ni evitar decir algo que sientes por no ofender a alguien.

No es pensar únicamente en los demás olvidándose de uno. Sino encontrar la manera de actuar que sea lo más beneficiosa o lo menos angustiosa para ambos.

¿La responsabilidad afectiva es sólo para las parejas?

Definitivamente no. Es importante practicar la responsabilidad afectiva en cualquier tipo de relación que tengamos. En todos aquellos momentos en los que interactuemos con otras personas.

Al fin y al cabo, se trata de ser responsable con uno mismo y con el otro cuando existe cualquier tipo de vínculo entre ambos. Puede ser de familia, de pareja, de amistad, incluso laboral.

El origen

El concepto de responsabilidad afectiva nació en la década de los 80. Sin embargo, lo más probable es que lo hayas escuchado desde hace poco tiempo o que ni siquiera lo conozcas aún. El motivo lo veremos a continuación.

Esta visión nació de la reflexión de algunas psicólogas de la época sobre el poliamor, quienes trataban de abordar esa realidad desde un punto de vista ético. Luchaban contra la idea de que las personas polígamas se comportaban de forma irresponsable y egoísta en sus relaciones.

Actualmente, ha vuelto a resurgir la concepción de diferentes formas de relaciones afectivo sexuales con mucha fuerza y por eso vuelve a resonar el concepto de responsabilidad afectiva.

No obstante, como dijimos anteriormente, podemos aplicarlo en cualquier tipo de relación. No está únicamente pensado para las relaciones de pareja, ni para las relaciones polígamas, sino que todo vínculo se beneficia de la responsabilidad afectiva.

¿Cómo trabajar la responsabilidad afectiva?

Es una conducta, una forma de comportarse. Por lo tanto, se hace, no se nace.

Y no sólo eso, sino lo más importante. Se puede aprender y desarrollar como cualquier otro tipo de comportamiento. Tú puedes trabajar para ser más paciente, más constante, más disciplinado, etc. Y más responsable afectivamente hablando.

Veremos cuáles son aquellas cosas por las que podemos empezar a trabajar para conseguir responsabilidad afectiva.

Comunicación asertiva

La comunicación asertiva es aquella que tiene en cuenta tanto lo que necesita expresar uno mismo como la forma de hacerlo para con el otro. No sólo es importante tener en cuenta el contenido en una conversación, sino también el tono, la intensidad, etc.

Ser honesto y sincero, que no sincericida. Evitar las ironías, los chantajes y las manipulaciones que, aunque pueda no ser nuestra intención principal, utilicemos porque nos funciona, es lo que hará que trabajemos en relaciones sanas.

Poner límites

Como decíamos, ser responsable afectivamente no implica sólo pensar en los demás, sino también en uno mismo. Los límites no sólo benefician al que los pone, sino que generalmente, son buenos para ambos.

Sobre todo, porque lo normal sería que la otra persona que conforma el vínculo también tenga los suyos, y así podamos entenderlos ambos.

Validar las emociones propias y del otro

Las dos personas de una relación son igual de importantes, por eso tus emociones y las del otro deben tener el mismo peso o importancia.

Pensar que lo que nos pasa a nosotros es más relevante y lo que siente el otro es una tontería nos llevará a una relación de desigualdad, que es una de las características propias de las relaciones tóxicas.

Asumir el conflicto

Es obvio que a ninguna persona le gusta el conflicto, pero igual de obvio es que es irremediable que exista. No podemos evitar que haya problemas o roces dentro de una relación.

Y es que es algo completamente normal no estar de acuerdo en todo. Es adulto, maduro y responsable afectivo aprender a asumir que en una relación no todo es bonito, no todo es bueno y no todo es de película.

Y eso está bien, trabajar como equipo, crecer juntos, ceder en ocasiones, intentar negociar para llegar a un punto medio, etc. Todo lo anterior puede fortalecer la relación y no estaría catalogado como romántico o festivo.

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